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PUBLICADAS LAS ACTAS DEL CONGRESO SOBRE LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA
Con el emblema de "Salamanca, punto de encuentro" refexionó en 2002 sobre el pasado, presente y futuro de la frontera hispano-portuguesa

Con el título CONGRESO INTERNACIONAL "LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA". RELACIONES HISPANO-PORTUGUESAS DEL DUERO AL TAJO, la Diputación Provincial de Salamanca, el Centro de Estudios Mirobrigenses y el Ayto. de Ciudad Rodrigo acaban de coeditar las actas del Congreso celebrado en Ciudad Rodrigo en noviembre de 2002. A través de ocho ponencias, varios especialistas españoles y portugueses reflexionan y recorren la trayectoria, vicisitudes, encuentros y desencuentros que, desde la prehistoria hasta nuestros días, ha protagonizado la frontera hispano-portuguesa en el tramo comprendido desde el Duero al Tajo. El alto nivel de las intervenciones realizadas durante este encuentro convierten a este trabajo en imprescindible para cualquier interesado en el discurrir pasado, presente y futuro de las relaciones entre ambas regiones fronterizas.

Ofrecemos a continuación los dos discursos de apertura pronunciados en la sesión inaugural del Congreso.


VV.AA

CONGRESO INTERNACIONAL "LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA". RELACIONES HISPANO-PORTUGUESAS DEL DUERO AL TAJO

Serie Coediciones y Colaboraciones, Nº 22.

Diputación Provincial de Salamanca, Centro de Estudios Mirobrigenses y Ayto. de Ciudad Rodrigo, 2005.

238 Págs, mapas y gráficos.

ISBN: 84-933679-1-5

Precio: 10 €. Cómo hacer un pedido


DISCURSO INAUGURAL Del CONGRESO INTERNACIONAL

"LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA: RELACIONES HISPANO-PORTUGUESAS DEL DUERO AL TAJO. SALAMANCA, PUNTO DE ENCUENTRO"

Ciudad Rodrigo, 11 de noviembre de 2002

FRANCISCO JAVIER IGLESIAS GARCIA

Alcalde de Ciudad Rodrigo

EL PRESIDENTE de la 1ª República Española, Pi i Margall escribió sobre Portugal que "después de 1640, fecha de su independencia de España... el rencor entre ambos países peninsulares ha quedado mitigado, pero solo por el olvido en que vivimos unos de otros. Sabemos mejor quién manda en Rusia que quién dirige el destino de los portugueses. Conocemos, más o menos, los hombres de Esta­do de todas las naciones de Europa pero no de los de la nación vecina. De los poetas que allí florecieron leemos, como mucho a Camoes pero no en su lengua. De los modernos mal sabemos un solo nombre. No estudiamos ni mucho ni poco la lengua que escriben" ("Las Nacionalidades", 1877).

Esta situación de vivir ambos países de espaldas uno al otro ("costas vol­tas", que dicen en Portugal) ha marcado las relaciones luso-españolas a 10 largo de los siglos.

Los límites de ambos países, como bien han indicado Antonio Pintado y Eduar­do Barrenechea ("La raya de Portugal, la frontera del subdesarrollo", 1972), se convirtieron en una especie de desierto y estas regiones fronterizas quedaron como las más pobres y atrasadas de ambos Estados.

Los que hemos vivido cercanos a esa frontera, a esa raya, siempre hemos teni­do consciencia de que esa línea donde se unen las dos naciones, siempre ha sido más punto de desencuentro, línea de separación que lugar de unión y encuentro.

Afortunadamente hoy, en la Europa en la que la palabra "UNIÓN" suena cada vez con más fuerza, esa frontera segregadora ha desaparecido.

Hoy día podemos decir que los intereses lusos son también los intereses his­panos y viceversa. El acercamiento entre ambas comunidades es y debe ser espe­cialmente intenso en las zonas fronterizas, prácticamente con los mismos intereses, las mismas preocupaciones, las mismas necesidades y con las mismas inquietudes.

Esa cercanía de la frontera siempre ha marcado la historia de Ciudad Rodri­go, de su comarca y de toda la provincia de Salamanca.

Este Congreso pretende evocar qué ha supuesto la frontera, cómo ha con­dicionado a cada una de las dos sociedades humanas situadas a ambos lados de ella, sus relaciones, su economía, en definitiva todo aquello que se ha visto mar­cado por la existencia de esta línea divisoria.

Pero estas jornadas estarían incompletas si no se hablara del presente y del futuro esperanzador bajo ese prisma de la unión de todos los europeos, unión que debe ser más fuerte entre vecinos, que a pesar de todo, cuentan con una historia paralela. Ahora, en nuestros tiempos, ese paralelismo tiende a desaparecer para unirse en una serie de objetivos comunes.

Así, además de los interesantes títulos de las ponencias sobre la historia más lejana y más cercana, se van a analizar en este Congreso el presente, la más pró­xima realidad, así como ese futuro para esta región.

Futuro que se presenta como esperanzador, en el que las relaciones serán más estrechas y fraternales, como corresponde a dos pueblos tan cercanos y cuyos vínculos de unión son siempre más fuertes que los que los puedan separar.

Como bien apuntara José Saramago, españoles y portugueses convivimos en la misma "balsa de piedra". Por ello no podemos ser unos de otros los vecinos ignorados y este Congreso, espero y deseo sirva para profundizar en el conoci­miento y entendimiento entre ambos países hermanados por esa línea, por esa Raya que los une.

Muchas gracias a todos por su presencia.


DISCURSO INAUGURAL DEL CONGRESO INTERNACIONAL

"LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA: RELACIONES HISPANO-PORTUGUESAS DEL DUERO AL TAJO. SALAMANCA, PUNTO DE ENCUENTRO"

Ciudad Rodrigo, 11 de noviembre de 2002

JOSÉ IGNACIO MARTIN BENITO

Presidente del CEM

CIUDAD RODRIGO: LLAVE DE PORTUGAL

LA FRONTERA

La frontera hispano-portuguesa ha marcado en gran medida las relaciones políticas, sociales, económicas y culturales de las gentes que han vivido a un lado y otro de la Raya. Sin duda, uno de los ámbitos fronterizos con especial relieve son las tierras situadas entre el Duero y el Tajo (desde Miranda do Douro hasta Alcántara), esto es, del lado portugués, las provincias de las Beiras y del lado español, las de Zamora, Salamanca y norte de Cáceres.

La situación de la Tierra de Ciudad Rodrigo como un territorio y una dió­cesis de frontera juega un papel similar al de otros espacios rayanos. De hecho, tanto la repoblación de Ciudad Rodriga y la creación de su obispado a partir de 1161 por Fernando II de León, como la fundación de la sede de. Guarda en 1191 y la concesión de carta foral en 1199 por Sancho 1 de Portugal, estuvieron estre­chamente relacionadas. La ciudad y su diócesis nacían en la frontera occidental del reino, frente a Portugal, mientras que Guarda se elevaba a sede episcopal como la réplica portuguesa frente a la diócesis civitatense.

En la frontera de Castilla era Ciudad Rodrigo la plaza más importante entre Galicia y Extremadura. De hecho, era una de las tres grandes plazas hacia Por­tugal, junto con Tuy y Badajoz. De ello eran conscientes tanto los naturales del país como los extranjeros. Los primeros ya lo indicaron en 1442, cuando defen­dieron la permanencia de la ciudad del Águeda en el realengo frente a la deci­sión de Juan II de entregada en señorío a su esposa, doña María de Molina. Entonces, los regidores, argumentaban que: "la dicha Cibdad esta situada en tal manera que desde Zamora fasta Badajoz non ay Cibdad nin villa nin otro logar, que vuestro sea, por donde se puede fazer guerra a Portogal, salvo por la dicha Cibdad Rodrigo, ca por la Cibdad de Coria, ques vuestra, non se puede fazer poderosamente guerra a Portogal, e de la dicha Cibdad de Zamora fasta Bada­joz ay sesenta leguas por el termino de Castilla... ". En términos parecidos se expresaba el corregidor Rodrigo Méndez cuando en octubre de 1592 enviaba a la Corona una relación sobre el estado de la fortaleza de la ciudad: "esta forta­leza de que se trata es muy ynportante a su rreal servircio (de Su Majestad) por ser como es frontera del reino de Portugal..."

Un visitante extranjero, A. Jouvin, que viajó por España y Portugal en 1672, al poco tiempo de terminar la Guerra de Restauración portuguesa, ponderaba la importancia estratégica de las tres plazas fronterizas:

"Tuy es una de las tres plazas de armas, que son Badajoz, Ciu­dad Rodrigo y Tuy, fronterizas con Portugal, y por donde los espa­ñoles lo atacan con tres ejércitos ".

y más adelante:

"Los españoles... podrán atacar Portugal por tres sitios diftrentes; con tres ejércitos: uno en Tuy, en Galicia; el otro en Badajoz, que está en Extremadura y el tercero, de la parte de Ciudad Rodriga; pero si no consiguen algo mejor que lo conseguido desde hace diez años, les aconsejo hacer la paz con ellos, porque en esto hallarán tanto honor como provecho ".

A estas tres plazas aludía también Madame d' Alnoy, que viajó por España en 1679; en la relación que envió en la carta IV a su alteza real Monseñor el Duque de Chartres, escribía refiriéndose a la indumentaria de los soldados españoles:

"Así pertrechados van seriamente a Tuy, donde es la reunión gene­ral, porque es una plaza fronteriza con Portugal. Hay tres puntos de reunión semejantes; la de Ciudad Rodriga y la de Badajoz, pero Tuy es la mejor guardada, porque está enfrente de Valencia del Miño, pla­za fuerte del reino de Portugal, y que se ha fortificado con cuidado ".

La importancia fronteriza de Ciudad Rodrigo es también ponderada en el Esta­do político, histórico y moral del reino de España, manuscrito de 1765 que se guarda en la Biblioteca Mazarino de París. Al hablar del reino de León, el anó­nimo autor escribe: "Zamora es una vieja ciudad mal fortificada. Ciudad Rodri­go es también muy débil, aunque sea una de las guarniciones del lado de Portugal y la llave del país... "; para añadir:

"Las plazas fuertes de España están situadas en Cataluña y Navarra, de ese modo son inútiles. Badajoz, Ciudad Rodriga y Tuy son las únicas plazas fortificadas frente al enemigo natural. Parece que es por altivez y desprecio por lo que los españoles dejan a Gali­cia, León, Extremadura, Castilla y Andalucía expuestas a las inva­siones de los portugueses; pero éstos no han conocido bastante la guerra hasta el presente para aprovecharse de ello: cuidado con el porvenir. Badajoz es una plaza fuerte muy mala, donde han hecho gastos enormes para construir defensas ridículas y dominadas por todas partes. Tuy y Ciudad Rodrigo son plazas malas y destartala­das, medio en ruinas".

Plaza española de frontera, sin embargo, momentos hubo que la ciudad se levan­tó por la solución portuguesa, como ocurrió en los momentos posteriores a la muerte de Pedro I en el castillo de Montiel. Entonces, proclamado Enrique como rey de Castilla y León, varias ciudades y villas rayanas (entre ellas Zamora ó Carmona, Ciudad Rodriga, Alcántara, Valencia de Alcántara, Tuy, Padrón, Bayona, Allariz, Orense, Rivadavia, Lugo...) reconocieron como rey a Fernando I de Portugal, des­cendiente directo de Sancho IV de Castilla, y fueron caballeros portugueses los que defendieron la ciudad del duro cerco al que la sometió el de Trastámara.

Pero A. Jouvin tenía razón, al aconsejar la paz entre los dos reinos. A lo lar­go de los siglos, la guerra -una constante en la historia fronteriza- sólo trajo la rapiña, el hambre, la carestía, la despoblación y la ruina económica para ambos lados de la raya. Y sus contemporáneos, los naturales del país, eran conscientes de ello. Por eso, la llegada de la paz era vista como un alivio por ambos pueblos. La paz oficial o, si no, la paz buscada desde dentro. Así, en 1476, ante la inmi­nencia de la guerra, el concejo de Almeida manifestaba al de Ciudad Rodrigo su deseo de mantener la paz, recordando que "os cabaleiros e gente da guerra gua­ham e os labradores e poovoo perdem . todas suas fazendas e vidas". Después de la guerra de sucesión a la corona castellana, con todo lo que habían sufrido, no es extraño que la tierra civitatense recibiera con júbilo y esperanza la comu­nicación que la reina Isabel hizo desde Trujillo el 18 de septiembre de 1479, por la que le anunciaba la firma de la paz. Algún documento epigráfico lo acredi­ta: en el zaguán del consistorio de Ciudad Rodrigo se conserva una inscripción en caracteres góticos, procedente de una de las iglesias desaparecidas de la ciu­dad, tal vez San Juan, con la siguiente inscripción: "esta sacristia mandaron fazer los feligreses de esta iglesia año de 1484, quando fenesçió la guerra entre el rey don Fernando e la reyna doña Ysabel de Castilla contra el rey don Alonso de Por­togal y se asentaron las pazes entre ellos".

El largo conflicto de Restauración de Portugal fue para la corona española, en palabras de R. Valladares, una "guerra olvidada". Como siempre, los territo­rios fronterizos de un lado y otro de la Raya fueron los que más sufrieron los estragos. Por eso, las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad se dispusieron por su cuenta a concertar treguas con los portugueses a espaldas de Madrid. Los contactos fructificaron en 1654 cuando el obispo de Ciudad Rodrigo acordó una tregua que no gustó a Felipe IV. No fueron, es sabido, los últimos conflictos con Portugal, pero estos intentos ponen de relieve el cansancio de los naturales por el mantenimiento de un "statu belli".

De cualquier modo, en tiempos de paz, las relaciones económicas, sociales y culturales se multiplicaron a ambos lados de la Raya. El establecimiento de por­tugueses en Ciudad Rodrigo lo acreditan las cartas de vecindad que se guardan en el Archivo Municipal. Considerable fue también la población judeo-conversa de origen portugués que fijó su residencia en la Tierra de Ciudad Rodrigo, espe­cialmente en la ciudad. Capítulo aparte merecería destacar el importante papel del comercio, en todas sus facetas, tanto el legal como el de contrabando. La fron­tera de Ciudad Rodrigo abastecía a Castilla de productos portugueses, así como a Portugal y, a través de éste, a otros países, de productos del interior castella­no. A este respecto, conviene señalar el testimonio del barón de Bourgoing, secre­tario de la embajada francesa en su "Un paseo por España durante la Revolución Francesa (1777-1795)":

"La granza o rubia de España es mejor y más barata que las demás. Los extranjeros empiezan a estimarla, y durante su guerra con América los ingleses importaban las de las cercanías de Medina del Campo y Ciudad Rodriga por los puertos portugueses".

Hoy, cuando no hace mucho España y Portugal se sumaban al proyecto común de la Europa sin fronteras y han desaparecido por tanto las aduanas entre los dos países, las consecuencias culturales y económicas de vivir secularmente a ambos lados del espacio fronterizo son todavía notables. Difícilmente, pues, se podría entender la realidad socio-económica del oeste español y del este portugués sin la presencia de la frontera. El protagonismo ejercido por la "raya seca" en los espacios colindantes bien merece, en los umbrales del siglo XXI, unos momen­tos para la reflexión y para el análisis; y ello tanto de una perspectiva histórica como actual.

Por ello, ha parecido al Ayuntamiento y al Centro de Estudios Mirobrigen­ses, promover un encuentro para la reflexión en nuestra ciudad y, de ahí, el títu­lo: LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA. Relaciones hispano-portuguesas del Duero al Tajo. Salamanca, punto de encuentro". Este encuentro tiene lugar dentro del año en que Salamanca, tomando el relevo de Oporto, es ciudad europea de la cultu­ra. Gracias precisamente al apoyo del Consorcio Salamanca 2002, así como a la Junta de Castilla y León, a la Diputación Provincial y a Caja Duero, ha sido posi­ble que nos reunamos en Ciudad Rodrigo, para debatir sobre las relaciones entre nuestros dos países. Por eso, porque sobre todo ahora, en una Europa sin fron­teras, se hace más necesario buscar momentos para la colaboración, para abrir­se y comunicarse, Ciudad Rodrigo será durante estos cuatro días, una vez más, "la llave de Portugal".



Fuente: CEM

C.E.M. © Centro de Estudios Mirobrigenses:: Martes, 7 - Septiembre - 2010