DISCURSO INAUGURAL DEL CONGRESO INTERNACIONAL "LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA: RELACIONES HISPANO-PORTUGUESAS DEL DUERO AL TAJO. SALAMANCA, PUNTO DE ENCUENTRO"
Ciudad Rodrigo, 11 de noviembre de 2002
JOSÉ IGNACIO MARTIN BENITO Presidente del CEM CIUDAD RODRIGO: LLAVE DE PORTUGAL
LA FRONTERA
La frontera hispano-portuguesa ha marcado en gran medida las relaciones políticas, sociales, económicas y culturales de las gentes que han vivido a un lado y otro de la Raya. Sin duda, uno de los ámbitos fronterizos con especial relieve son las tierras situadas entre el Duero y el Tajo (desde Miranda do Douro hasta Alcántara), esto es, del lado portugués, las provincias de las Beiras y del lado español, las de Zamora, Salamanca y norte de Cáceres. La situación de la Tierra de Ciudad Rodrigo como un territorio y una diócesis de frontera juega un papel similar al de otros espacios rayanos. De hecho, tanto la repoblación de Ciudad Rodriga y la creación de su obispado a partir de 1161 por Fernando II de León, como la fundación de la sede de. Guarda en 1191 y la concesión de carta foral en 1199 por Sancho 1 de Portugal, estuvieron estrechamente relacionadas. La ciudad y su diócesis nacían en la frontera occidental del reino, frente a Portugal, mientras que Guarda se elevaba a sede episcopal como la réplica portuguesa frente a la diócesis civitatense. En la frontera de Castilla era Ciudad Rodrigo la plaza más importante entre Galicia y Extremadura. De hecho, era una de las tres grandes plazas hacia Portugal, junto con Tuy y Badajoz. De ello eran conscientes tanto los naturales del país como los extranjeros. Los primeros ya lo indicaron en 1442, cuando defendieron la permanencia de la ciudad del Águeda en el realengo frente a la decisión de Juan II de entregada en señorío a su esposa, doña María de Molina. Entonces, los regidores, argumentaban que: "la dicha Cibdad esta situada en tal manera que desde Zamora fasta Badajoz non ay Cibdad nin villa nin otro logar, que vuestro sea, por donde se puede fazer guerra a Portogal, salvo por la dicha Cibdad Rodrigo, ca por la Cibdad de Coria, ques vuestra, non se puede fazer poderosamente guerra a Portogal, e de la dicha Cibdad de Zamora fasta Badajoz ay sesenta leguas por el termino de Castilla... ". En términos parecidos se expresaba el corregidor Rodrigo Méndez cuando en octubre de 1592 enviaba a la Corona una relación sobre el estado de la fortaleza de la ciudad: "esta fortaleza de que se trata es muy ynportante a su rreal servircio (de Su Majestad) por ser como es frontera del reino de Portugal..." Un visitante extranjero, A. Jouvin, que viajó por España y Portugal en 1672, al poco tiempo de terminar la Guerra de Restauración portuguesa, ponderaba la importancia estratégica de las tres plazas fronterizas: "Tuy es una de las tres plazas de armas, que son Badajoz, Ciudad Rodrigo y Tuy, fronterizas con Portugal, y por donde los españoles lo atacan con tres ejércitos ". y más adelante: "Los españoles... podrán atacar Portugal por tres sitios diftrentes; con tres ejércitos: uno en Tuy, en Galicia; el otro en Badajoz, que está en Extremadura y el tercero, de la parte de Ciudad Rodriga; pero si no consiguen algo mejor que lo conseguido desde hace diez años, les aconsejo hacer la paz con ellos, porque en esto hallarán tanto honor como provecho ".
A estas tres plazas aludía también Madame d' Alnoy, que viajó por España en 1679; en la relación que envió en la carta IV a su alteza real Monseñor el Duque de Chartres, escribía refiriéndose a la indumentaria de los soldados españoles: "Así pertrechados van seriamente a Tuy, donde es la reunión general, porque es una plaza fronteriza con Portugal. Hay tres puntos de reunión semejantes; la de Ciudad Rodriga y la de Badajoz, pero Tuy es la mejor guardada, porque está enfrente de Valencia del Miño, plaza fuerte del reino de Portugal, y que se ha fortificado con cuidado ". La importancia fronteriza de Ciudad Rodrigo es también ponderada en el Estado político, histórico y moral del reino de España, manuscrito de 1765 que se guarda en la Biblioteca Mazarino de París. Al hablar del reino de León, el anónimo autor escribe: "Zamora es una vieja ciudad mal fortificada. Ciudad Rodrigo es también muy débil, aunque sea una de las guarniciones del lado de Portugal y la llave del país... "; para añadir: "Las plazas fuertes de España están situadas en Cataluña y Navarra, de ese modo son inútiles. Badajoz, Ciudad Rodriga y Tuy son las únicas plazas fortificadas frente al enemigo natural. Parece que es por altivez y desprecio por lo que los españoles dejan a Galicia, León, Extremadura, Castilla y Andalucía expuestas a las invasiones de los portugueses; pero éstos no han conocido bastante la guerra hasta el presente para aprovecharse de ello: cuidado con el porvenir. Badajoz es una plaza fuerte muy mala, donde han hecho gastos enormes para construir defensas ridículas y dominadas por todas partes. Tuy y Ciudad Rodrigo son plazas malas y destartaladas, medio en ruinas". Plaza española de frontera, sin embargo, momentos hubo que la ciudad se levantó por la solución portuguesa, como ocurrió en los momentos posteriores a la muerte de Pedro I en el castillo de Montiel. Entonces, proclamado Enrique como rey de Castilla y León, varias ciudades y villas rayanas (entre ellas Zamora ó Carmona, Ciudad Rodriga, Alcántara, Valencia de Alcántara, Tuy, Padrón, Bayona, Allariz, Orense, Rivadavia, Lugo...) reconocieron como rey a Fernando I de Portugal, descendiente directo de Sancho IV de Castilla, y fueron caballeros portugueses los que defendieron la ciudad del duro cerco al que la sometió el de Trastámara. Pero A. Jouvin tenía razón, al aconsejar la paz entre los dos reinos. A lo largo de los siglos, la guerra -una constante en la historia fronteriza- sólo trajo la rapiña, el hambre, la carestía, la despoblación y la ruina económica para ambos lados de la raya. Y sus contemporáneos, los naturales del país, eran conscientes de ello. Por eso, la llegada de la paz era vista como un alivio por ambos pueblos. La paz oficial o, si no, la paz buscada desde dentro. Así, en 1476, ante la inminencia de la guerra, el concejo de Almeida manifestaba al de Ciudad Rodrigo su deseo de mantener la paz, recordando que "os cabaleiros e gente da guerra guaham e os labradores e poovoo perdem . todas suas fazendas e vidas". Después de la guerra de sucesión a la corona castellana, con todo lo que habían sufrido, no es extraño que la tierra civitatense recibiera con júbilo y esperanza la comunicación que la reina Isabel hizo desde Trujillo el 18 de septiembre de 1479, por la que le anunciaba la firma de la paz. Algún documento epigráfico lo acredita: en el zaguán del consistorio de Ciudad Rodrigo se conserva una inscripción en caracteres góticos, procedente de una de las iglesias desaparecidas de la ciudad, tal vez San Juan, con la siguiente inscripción: "esta sacristia mandaron fazer los feligreses de esta iglesia año de 1484, quando fenesçió la guerra entre el rey don Fernando e la reyna doña Ysabel de Castilla contra el rey don Alonso de Portogal y se asentaron las pazes entre ellos". El largo conflicto de Restauración de Portugal fue para la corona española, en palabras de R. Valladares, una "guerra olvidada". Como siempre, los territorios fronterizos de un lado y otro de la Raya fueron los que más sufrieron los estragos. Por eso, las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad se dispusieron por su cuenta a concertar treguas con los portugueses a espaldas de Madrid. Los contactos fructificaron en 1654 cuando el obispo de Ciudad Rodrigo acordó una tregua que no gustó a Felipe IV. No fueron, es sabido, los últimos conflictos con Portugal, pero estos intentos ponen de relieve el cansancio de los naturales por el mantenimiento de un "statu belli". De cualquier modo, en tiempos de paz, las relaciones económicas, sociales y culturales se multiplicaron a ambos lados de la Raya. El establecimiento de portugueses en Ciudad Rodrigo lo acreditan las cartas de vecindad que se guardan en el Archivo Municipal. Considerable fue también la población judeo-conversa de origen portugués que fijó su residencia en la Tierra de Ciudad Rodrigo, especialmente en la ciudad. Capítulo aparte merecería destacar el importante papel del comercio, en todas sus facetas, tanto el legal como el de contrabando. La frontera de Ciudad Rodrigo abastecía a Castilla de productos portugueses, así como a Portugal y, a través de éste, a otros países, de productos del interior castellano. A este respecto, conviene señalar el testimonio del barón de Bourgoing, secretario de la embajada francesa en su "Un paseo por España durante la Revolución Francesa (1777-1795)": "La granza o rubia de España es mejor y más barata que las demás. Los extranjeros empiezan a estimarla, y durante su guerra con América los ingleses importaban las de las cercanías de Medina del Campo y Ciudad Rodriga por los puertos portugueses". Hoy, cuando no hace mucho España y Portugal se sumaban al proyecto común de la Europa sin fronteras y han desaparecido por tanto las aduanas entre los dos países, las consecuencias culturales y económicas de vivir secularmente a ambos lados del espacio fronterizo son todavía notables. Difícilmente, pues, se podría entender la realidad socio-económica del oeste español y del este portugués sin la presencia de la frontera. El protagonismo ejercido por la "raya seca" en los espacios colindantes bien merece, en los umbrales del siglo XXI, unos momentos para la reflexión y para el análisis; y ello tanto de una perspectiva histórica como actual. Por ello, ha parecido al Ayuntamiento y al Centro de Estudios Mirobrigenses, promover un encuentro para la reflexión en nuestra ciudad y, de ahí, el título: LA RAYA LUSO-ESPAÑOLA. Relaciones hispano-portuguesas del Duero al Tajo. Salamanca, punto de encuentro". Este encuentro tiene lugar dentro del año en que Salamanca, tomando el relevo de Oporto, es ciudad europea de la cultura. Gracias precisamente al apoyo del Consorcio Salamanca 2002, así como a la Junta de Castilla y León, a la Diputación Provincial y a Caja Duero, ha sido posible que nos reunamos en Ciudad Rodrigo, para debatir sobre las relaciones entre nuestros dos países. Por eso, porque sobre todo ahora, en una Europa sin fronteras, se hace más necesario buscar momentos para la colaboración, para abrirse y comunicarse, Ciudad Rodrigo será durante estos cuatro días, una vez más, "la llave de Portugal". |